CHILE: IGLESIAS EVANGÉLICAS TIENEN QUE HACER PENITENCIA PARA SER PERDONADAS

Senén Conejeros,
Periodista ———

Los gritos de parte del pueblo Evangélico chileno a la Presidenta, Michelle Bachelet, sonaron fuertes y acusadores: “asesina” y “vergüenza nacional” resonaron en la Catedral Evangélica de Chile. Al lugar Bachelet asistió invitada al Te Deum Evangélico por el nuevo aniversario conmemorativo de la Independencia de Chile.

Los gritos de la multitud, destemplados, por lo injustos y alevosos.

Condenables, porque aquello no parecía la reunión del pueblo de Dios sino, casi, un mitin del diablo.

Todo por la intervención de un candidato a diputado de la derecha que oficia como Obispo Evangélico, y que desde el púlpito las emprendió contra la Presidenta Bachelet, enardeciendo la a su feligresía evangélica que, después, se volvió en contra de la Presidenta a los gritos de “asesina” y “vergüenza nacional”.

La Presidenta Bachelet acudió al Te Deum Evangélico que realizaron las Iglesias de diversas denominaciones como acto oficial de saludo al Día Patrio del próximo 18 de Septiembre.

Da vergüenza ajena escribir sobre lo sucedido ayer en la Catedral de las Iglesias Evangélicas de Chile.

No ha sido un espectáculo propio de un acto religioso, tampoco de un acontecimiento patriótico.

Ni siquiera de un acto político. Fue el ejercicio de la incultura transformada en un enceguecimiento odioso y grosero, propio de una politiquería de la más baja ocurrencia.

Lo ocurrido, en donde más de un Pastor, celebrante del Te Deum evangélico, las emprendió contra la Presidenta Bachelet sólo por razones políticas disfrazadas de demandas religiosas es algo que, hoy por hoy, debiera repugnar a todo ciudadano chileno independientemente del credo que postule.

No me molestan los Evangélicos, ni los católicos, ni ningún mortal que crea y practique una religión. Muy por el contrario, cada uno tiene asegurado el derecho de creer y practicar las creencias que no se opongan el ejercicio de las religiones y las libertades de los demás.

Lo que me indigna es cuando alguno de los clérigos, como ha pasado también con algunos del credo católico, creen tener el derecho desde el púlpito, para orientar lo que los Jefes de Estado deben decir, pensar o actuar.

Tampoco, me parece, que tienen derecho, sólo porque están en un púlpito, a ser quienes bendigan o condenen a un Jefe de Estado, a un régimen o una orientación o a un partido político.

Esta vez fue un Pastor protestante, candidato a Diputado en las elecciones de Noviembre próximo.

Su discurso ante las más alta autoridades del Estado chileno fue “delirante” y expresamente ofensivo para la Presidenta, con el agregado que fue coreado y replicado por sus adeptos al interior del propio Templo, con epítetos irreproducibles hacia la Presidenta de todos los chilenos.

Pareciera que los Evangélicos chilenos se olvidaron que gracias a esta Jefa del Estado tienen en el Palacio de La Moneda, Sede de Gobierno, con iguales deberes y derechos que los capellanes de otras denominaciones, a su propio Capellán evangélico.

También hicieron “letra muerta” de que Bachelet los ha considerado como ningún otro Presidente chileno a la hora de subirlos a la tarima igualitaria que todas las religiones se merecen en los actos del Estado.