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TITO MUNDT, PERIODISTA INSÓLITO

 Con su catalejos, Tito Mundt -el reportero chileno más veloz para escribir y hablar- miraba a Europa.
Su nostalgia lo llevaba de nuevo a su amado París: recorría los Campos Elíseos, trepaba a la Torre Eiffel junto con millares de turistas, pero con una percepción original y atrevida.
Se deslumbraba con el Arco del Triunfo y se llenaba de lágrimas al escuchar a Edith Piaf, quien cantaba con sus pies desnudos en las calles, bajo la lluvia.
Era el Gorrión de la Ciudad Luz, donde más de alguna vez triunfó Carlos Gardel, el Zorzal Criollo.
O visitaba la tumba de Balzac, uno de sus autores favoritos en la intensa pasión por el periodismo y la literatura, buenos vecinos.
Trotageografías imparable, se sentaba en los cafés y llamaba a Kanda Jaque, su esposa. El mensaje era insólito: “No me esperes a comer esta noche. ¡Estoy en París!”.
De pronto Mundt volaba a Madrid y se extasiaba con La Cibeles y casi al lado, el maravilloso edificio del Correo.
Entraba en los bares para beber una sangría o un carajillo.
Sin itinerario fijo, se trasladaba a Londres, donde -bajo la neblina- lucía su impermeable al estilo de Humphrey Bogart en la inolvidable película “Casablanca”.
Según él, entrevistaba a De Gaulle, Francisco Franco y otros jefes de estados europeos.
Algunos puristas del periodismo no le creían.
Sin embargo, sus crónicas y columnas, identificadas con el logotipo “Yo lo conocí”, eran retratos plenos de detalles significativos y despiertos.
Tito Mundt viajaba y leía sin cesar.
Tengo todos sus  libros y multitud de textos.
Desde mi vieja y muy nutrida biblioteca, Soledad, mi querida hija, rescató “Guía Humorística de Santiago”, miniobra editada en 1967 por Zig Zag.
Sus enfoques  se complementan con armoniosos y creativos dibujos del talentoso Jorge Dahm.
En la entrada el híper periodista plantea: “Hay mil maneras de ver una ciudad. La gente aficionada a las estadísticas y que toma sopa de cifras en vez de letras, exige números y más números. Quiere saber exactamente cómo fue el origen de la capital, quién ha vivido en ella, cuántos minutos se gastan exactamente en llegar de un punto a otro, cuántos litros de agua beben sus habitantes, cuánta luz se consume, etc.
Eso es una lata”.
Este libro no. Habla de historia, clima, el Mapocho, el centro, los cerros, el Santa Lucía.
Mundt es casi un pintor impresionista.
Sus palabras eran pinceladas de brillantes colores.
El catacerca lo aproxima a hechos y lugares con ironías, entusiasmos y bromas.
Cincuenta años después de la publicación, su microobra sigue en vigor.
Sobre el san Cristóbal es cáustico.
¨Últimamente las parejas lo han puesto de moda para hacerse el amor, pero no de a pie, sino cómodamente instalados en un auto, lo que facilita las más fogosas declaraciones y las más encendidas frases dichas al oído de la amada¨.
Mundt no solo elogia; también castiga y critica.
Es ácido cuando se refiere a la fealdad del cerro Blanco.
No niega el carácter distinto de la capital, cercana al mar y a la cordillera.
Los dibujos de Jorge Dahm con grata frecuencia ilustran los párrafos de ¨Guía Humorística de Santiago¨.
En sus líneas asoman puentes, estatuas, parques y más monumentos.
Habla de ciertas casas históricas y locales de partidos Entretenido, liviano y rápido.
Comprensible porque civilmente Tito Mundt se llamaba… Santiago.

Un comentario en “TITO MUNDT, PERIODISTA INSÓLITO

  1. No conocí personalmente a Tito, salvo a través de sus libros, pero sí fui amigo de su viuda, la gran actriz chilena Kanda Jaque y de su hija Barbara Mundt, una actriz genial, uan genio rescatada de la botella, y que hoy reaparece con calidad en teleseries y spots publicitario. Durante mi rol como Director de Turismo, Relaciones Públicas y Cultura de la Municipalidad de Viña del Mar, nuestra amistad creció y me acompañaron en muchas actividades culturales, Hasta el final Kanda me señalaba que la muerte de su marido Tito Mundt, no fue un accidente sino que fue lanzado desde la terraza del “Sportsmen” por sicarios del gobierno de la época, que quisieron silenciar al brillante periodista.

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