Chile: Los otros rodeos…

Crece la polémica por los rodeos.
Los partidarios defienden el que llaman deporte criollo, especialmente en Fiestas Patrias y en el entorno de las medialunas.
Creen que no se dañan a los animales y que entretienen al público, en particular en regiones.
Por el contrario, otros critican severamente porque dicen que acosan a los novillos y les quebrantan las costillas.
Además, existe el rodeo idiomático.
Esto se nota fundamentalmente en los programas periodísticos.
Los ejemplos abundan y a veces constituyen eufemismos.
Por ejemplo está de moda informar que una víctima resultó fallecida.
Lo simple y directo es murió.
Otro caso: se afirma que a las diez de la mañana se dio inicio al trabajo. Lo correcto es se inició.
Otro error frecuente es escribir ella está media loca. Correspondería si físicamente fuera la mitad.
De acuerdo con las normas académicas es medio loca. Es un adverbio de modo, como algo, un tanto.
No solo debe emplearse en los casos masculinos.
Los rodeos continúan tan polémicos como los reales.
En televisión y en radio se escuchan a los reporteros policiales que cuentan que se procedió a investigar lo necesario, sencillo y directo es investigo.
Lo más insólito e incluso absurdo es la expresión “sostuvo una reunión almuerzo”.
Hay que decirlo como todos los días: almorzó. Porque, ¿dónde se sostiene?
Otras voces imperfectas que se oyen son: habían tres mil personas en el estadio.
Las reglas advierten que el verbo haber debe conjugarse en singular cuando indica existencia: había tres mil personas en el estadio.
Con mayor razón en hubieron. Es impreciso y abusivo.
Lo válido es hubo trescientos libros y no hubieron trescientos libros.
Lo peor que he tenido que sufrir en los últimos días fue oír que esta fue la onceava vez en que ocurrió ese hecho. Hay que emplear ¨fue la undécima vez¨.
Otro peligro persistente son las redundancias: como efectos posteriores. Es ridículo porque es natural que los efectos sean posteriores.
Un caso clásico y muy parecido es agregó después. No se puede agregar antes.
Lo mismo con añadió a continuación.
En el otro lado de la vereda están las faltas en que se incurre cuando se escribe antecedentes previos o antecedentes anteriores.
Significa una obviedad ramplona.
Una falta más: habitualmente se pone la 19 comisaría. Debe colocarse la décimo novena comisaría.
Son los rodeos que hay que evitar.
En este caso no se maltrata a los novillos. Solo el idioma.

DISTORSIÓN DE FIESTAS RELIGIOSAS

Chile se define como un país mayoritariamente católico. Al contrario de otros países, como Cuba, celebra varias fiestas religiosas al año.
Están marcadas en rojo en el calendario y la Iglesia las celebra con alegría y devoción.
En teoría son jornadas de oración y meditaciones; de gozo espiritual y del corazón pleno de júbilo.
Reina la felicidad absoluta.
Uno de los principales festejos es el de la Semana Santa, diseñada para recordar a Jesucristo.
Así lo proclama el Papa.
Lamentablemente hay una grave distorsión: la mayoría de la gente aprovecha esos tres días para disfrutar en la playa en vez de concentrarse en la meditación.
La tradición recomienda abstinencia de carne, como un gesto valioso de respeto a Cristo y la comunión.
Pero ese buen afán se transforma en una voracidad dañina: casi todos comen mariscos sin límites, en una actitud que no corresponde a los principios.
¿Cuál es el sentido de religioso que se atropella?
Aparentemente casi todos porque la religiosidad no se considera en su profunda sustancia.
Otra fecha religiosa más cercana es el 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen María.
Se aprovecha, como en este último caso, para recurrir a un día extra y juntarlo con un fin de semana.
Respeto esa fecha con mucho aprecio y nostalgia porque mis dos abuelas, a quienes no conocí, se llamaban Tránsito y mi querida hermana Patricia heredó ese nombre como segundo.
Muy tristemente ella falleció hace 2 años y medio.
Mi cuñado, Patricio, la visita todos los sábados en el cementerio y reflexiona frente a su tumba, en la que además están Virginia Capello y H. Enrique Ramírez, mis añorados y amados padres.
Mi hermano Agustín, el último de los cuatro, 14 años menor que yo, nació el 24 de diciembre.
Lo mismo Martín, uno de sus hijos.
Es una coincidencia muy grata tener la misma fecha del nacimiento del niño Jesús en Belén.
Antes, el 8 diciembre, se conmemora la Inmaculada Concepción.
Dolorosamente muchos emigran fuera de las ciudades principales y no se concentran en el ámbito de la meditación.
Es otra de las distorsiones de las fiestas religiosas.

EPISODIOS DEL AYER

Es la reconstrucción del pasado.

Recreación de capítulos que reaparecen entre luces y sombras.

Trazos de mi infancia, según lo que me contaban Virginia y Enrique, mis padres.

El dibujo de mis primeros días no cae inapelablemente en el borrón de la historia.

Me llamo Enrique Erwin porque en casa se apreciaba mucho a Erwin Hess, quien fue mi padrino. Estaba casado con Adriana Godoy.

Ambos me estimaban tanto que le pidieron a mi familia adoptarme.

Pero el amor de los míos era más vigoroso y mantuve la integridad normal.

Él pertenecía a la Fuerza Aérea de Chile. Me parece que era odontólogo.

Tenía una parcela en Malloco, a una cuadra del München, el famoso restaurante de la cerveza.

En esa esquina se iniciaba la Colonia Alemana, que concentraba a profesionales de origen germánico.

El predio tenía 8 y ½ hectáreas, dedicadas exclusivamente a la producción de duraznos.

El matrimonio dejaba media hectárea para ellos y el resto lo vendía a empresas fruteras.

Yo solía caminar tímidamente hasta el fondo, a la casa de don Ernesto, el cuidador.

Construcción de adobe en la que teníamos gratas conversaciones en el ayer. Y en el anteayer.

Erwin Hess era cazador y muchas veces me llevaba.

Yo aportaba mi arma, que disparaba un corcho, amarrado a un cordel.

No sé si era rifle, escopeta o fusil.

Nunca he sabido la diferencia. Tampoco me interesa porque lo fundamental son las almas y no las armas.

Erwin Hess es un personaje que no se pierde en mis recuerdos.

Había una gran hélice de madera caoba, que utilizaba como perchero.

Tuve, posteriormente, otras relaciones con la Fuerza Aérea.

Mi padre era amigo del director de la banda musical y en las fiestas de San Enrique los invitaba a nuestro hogar puentealtino.

Tocaban hasta la madrugada, con el estímulo de unos sugerentes mostos.

Se ubicaban debajo de la escalera y nos hacían bailar a todos con mucho entusiasmo y ritmo.

En Año Nuevo concurrían a la Plaza de Armas y con su música alegraban a gran parte del pueblo, que los aplaudían mucho.

El alcalde, un feriante de apellido Allende, al que le decían “El Gallito”, los contrataba por una tarifa muy valiosa.

En la proximidad de la hora de cierre, vuelvo a la parcela de Malloco.

Mi padrino nunca concretó el afán de adoptarme. Sin embargo, me legó su nombre, aunque mis escasas visitas posteriores me dejaron sin el derecho a la parcela.